sábado, 8 de octubre de 2011

Bodysurf, Sesión 1

        Queridos amigos de la nave del misterio, en el día de hoy hablaremos de algo que todos sabemos lo que es pero que nadie nunca lo ha visto, mitad fantástico mitad inverosímil. Estamos hablando, claro esta, de las olas en Orzán.

Hasta hoy, un mes viviendo en esta tranquila ciudad, os lo decimos por experiencia, no salía una cerda ola, solo llegaban las babas de los tres metros de mar de fondo que anunciaban. Pero, queridos amigos, por una razón que ni el más sabio nos sabría decir, hemos visto la luz en esta pequeña playa gallega. Ya era hora...

Nos habían comunicado que el mito de las olas de Orzán se había hecho realidad, no nos lo podíamos creer. Así que decidimos verlo con nuestros propios ojos. Cogimos nuestros trajes y junto a nuestras aletas, nos subimos al primer autobús con destino “Plaza Pontevedra”. Lokuras... sino había dos metros había tres. Santi se puso el traje, solo Santi, ya que a Aitor se lo había dejado en la habitación, el muy hijo de puta, que tonto es el chaval...en fin a ver cuando deja las drogas, que no le están haciendo ningún bien. No, era broma, no las va a dejar. El caso es que después de que Santi se pusiese el traje (15 minutos más tarde) nos metimos al agua. Después de hora y media pasando orilleras, llegamos a la rompiente. En la primera ola, de unos dos metros, Santi murió. Y resucitó para meterse en otra de la que, obviamente, tampoco salió. Pero el tubo mereció la pena. A la hora de estar en el agua, a pesar de ser vasco, Aitor tiene un límite, y sufrió síntomas de primer grado de hipotermia (esto es cierto) así que esperamos media hora y nos salimos.

Después de que el vasco  recuperara el conocimiento, nos acordamos de una buena amiga nuestra, un poco ninfómana, todo hay que decirlo (Un saludo Cris), al ver a una cuadrilla de negros de 4x4...x4 que se estaban dedicando a pegarse entre ellos y a hacer series de cincuenta flexiones con los puños y cuesta abajo, pretendimos entrar en la pelea pero nos pareció demasiado fácil, así que recogimos las cosas y nos marchamos, con toda la intención de volver, pero la próxima vez con una cámara. 

Os dejamos un pequeño pero intenso ragalo de nuestra excursión a Orzán;



"intentando abrir claros aquí, donde el cielo siempre es gris"

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